Donación de obras de Garcilaso a Universidad Carolina

Octubre 26, 2016

El 25 de octubre de 2016, la Embajada hizo entrega a la Biblioteca de la Universidad Carolina de Praga, fundada en 1348, en calidad de donación, de las  Obras Completas del Inca Garcilaso de la Vega, publicadas en tres tomos por el Ministerio de Relaciones Exteriores, con motivo del cuatricentenario del fallecimiento del ilustre Cronista.

Acompañada del Ministro-Consejero Oscar Paredes Loza, la Embajadora Liliana de Torres-Muga puso los libros en manos del Director de Departamento de Estudios Iberoamericanos de esa Universidad, doctor Josef Opatrný, distinguido peruanista, con asistencia de una treintena de alumnos checos de Maestría, todos ellos hábiles en castellano.

la-foto-1 la-foto-2 Luego de palabras de agradecimiento del Director, la Embajadora resumió la destacada trayectoria de Garcilaso, considerado el Primer Mestizo del Perú, por su fecunda producción que permite acceder al cabal conocimiento del Imperio de los Incas y de la conquista. Aludió además al alcance de sus obras, en particular de sus “Comentarios Reales”. A sugerencia del Director, la Embajadora formuló también reflexiones acerca del proceso de mestizaje en el Perú.

la-foto-3El auditorio mostró vivo interés en la temática expuesta y algunos jóvenes manifestaron que habían visitado el Perú, con positivas evocaciones.

A continuación, palabras de la Embajadora.

Dobri den. Buenas tardes.

Apreciado Profesor Opaterný:

Queridos alumnos:

Damas y caballeros:

Mucho agradezco la amable invitación de la muy prestigiosa y casi milenaria Universidad Carolina, para conversar acerca del Inca Garcilaso de la Vega.

Como sabemos, en 2016 se cumple 400 años de la muerte de Garcilaso. Con ese motivo, en nombre del gobierno del Perú, gustosamente acabo de hacer entrega a la Universidad de las obras completas del Inca, en tres volúmenes, que en total exceden las mil páginas.

Hablar del Inca Garcilaso, es referirse a quien se considera al primer mestizo más ilustrado del Perú, como también de los países que en su época formaron parte del Tawantisuyo, o Imperio de los Incas.

Digo “mestizo”, ya que Garcilaso de la Vega, nacido en el Cuzco en 1539, fue hijo de un capitán español, del mismo nombre, y de una noble princesa, nieta del Inca Túpac Yupanqui. Se juntaron las sangres española e incaica.

Y digo que fue el más “ilustrado”, ya que desde su nacimiento, Garcilaso tuvo los mejores profesores españoles y nativos. Así, por el lado paterno, pudo beber la cultura española, europea y del mundo occidental entonces conocido.  Y,  por el materno,  sus ascendientes  y sabios del Imperio le dieron a conocer en quechua, la lengua autóctona, la rica historia de los Incas. Igualmente, detalles acerca de la conquista española iniciada en los primeros años de la década de 1530, acontecimientos estos últimos de los que en parte él pudo ser testigo en su infancia y adolescencia.

Clérigos españoles adiestraron disciplinadamente al joven Garcilaso en la antigua lengua romana y le transmitieron amplios conocimientos en materia de latinidad, de la cultura emanada del Imperio de los Césares.

Fue así cómo al llegar a España en 1560, a los 20 años, poco tiempo después de la muerte de su padre, el joven Inca Garcilaso de la Vega descollaba notablemente, tanto por su dominio de la lengua, historia, costumbres ibéricas y resto de Europa, como por ser portador de un riquísimo legado del mundo de los Incas.

Gracias a Garcilaso, podemos conocer gran parte de ese mundo incaico. El joven cuzqueño sirvió también de fuente y de inspiración a otros cronistas e investigadores de la Historia del Imperio de los Incas y de la conquista española.

En las obras completas de Garcilaso, que la Embajada del Perú, con mucho agrado entrega a la Universidad Carolina, figura su libro por excelencia, los Comentarios Reales de los Incas. Se trata de un magistral trabajo histórico-literario, que permite conocer en honda dimensión cómo era el Perú antes de la llegada de los españoles. Eso, en una primera parte; y en otra nos brinda abundancia de datos sobre la conquista del Imperio.

Tales obras, redactadas en la madurez que da la ancianidad, comprenden además, entre otros trabajos, su Florida del Inca, escrita en base a informaciones que Garcilaso recibió de un participante en las campañas de Hernando de Soto, para tomar posesión de esas tierras en nombre de la Corona Española.

La Corte Madrileña se resistió en reconocer a Garcilaso los títulos a los que tenía derecho, como vástago de un destacado militar y conquistador hispano. Ello, por ser hijo de indígena, sin importar que la madre fuese de sangre azul, como Princesa descendiente de Emperadores Incas. La ley impuesta en el Perú por los conquistadores prohibía los matrimonios con personas de diferente etnia. Por ello, el infante Garcilaso fue bautizado con nombre diferente al que le correspondía.

La Corona tampoco quiso tener en cuenta que el Inca Garcilaso combatió valerosamente en el ejército español enfrentando rebeliones moriscas, lo que le valió acceder al grado de Capitán.

Por ello envejeció en España, en Córdoba, estando siempre pendiente de lo que acontecía en su añorada Patria, en sus queridos Andes, en el Cuzco que le vio nacer y donde no pudo cerrar los ojos de su madre. Al mismo tiempo, el docto hispano-peruano daba cátedra a los españoles sobre la historia de España; les enseñaba el correcto castellano y una amplia variedad de temas propias de las Humanidades.

La muerte sorprende a Garcilaso en Córdoba, Sur de España, recién cumplidos 77 años. Por esas extrañas coincidencias del destino, el deceso de este Primer Gran Mestizo peruano e hispanoamericano ocurrió el mismo día que fallecieran otras dos grandes figuras de las letras: Miguel de Cervantes y William Shakespeare, el 23 de abril de 1616.  Diferencia de horas.

Los investigadores del Inca le describen en sus vertientes como historiador de fluida prosa y con esmerada precisión en hechos y detalles;  y como literato ameno, con fácil dominio del lenguaje, que con natural soltura puede llegar a los linderos de lo poético, de lo figurativo, de lo imaginativo, sin perder confiabilidad.

Lo anterior convierte a nuestro Primer Mestizo en un adelantado de la narrativa contemporánea. También como un precursor de la literatura indigenista, movimiento del Siglo 20 orientado a rescatar, valorar, con rigor histórico las culturas nativas.

Los restos del Inca Garcilaso de la Vega reposan en una capilla que él mismo encargó construir en la Catedral de Córdoba.  Pero su obra sigue viva, refulgente, iluminando el glorioso pasado del Perú.

Hasta aquí, un visión general sobre el significado de Garcilaso de la Vega.  Ahora habré de resumir el fenómeno del mestizaje en el Perú, del que el cuzqueño historiador y literato es eminente representante.

El mestizaje puede entenderse como el resultado del cruce,  fusión, unión, de personas pertenecientes a distintos grupos raciales, de diferentes procedencias. La raza humana es solo una, pero se caracteriza por sus variaciones étnicas, las cuales dependen de factores geográficos, climáticos, genéticos. Mestizaje también es consecuencia de mezcla de ideas, modelos, concepciones, amalgama que influye en la cultura de los pueblos.

En el caso del Perú, como en otros lugares de América Latina, a partir de la llegada de los europeos en la primera mitad del Siglo 16, las poblaciones nativas, con más de diez mil años de antigüedad, tuvieron que compartir el mismo espacio geográfico con personas de otras latitudes, de etnias distintas. No sólo españoles, portugueses e individuos de otros países europeos, sino de seres africanos que fueron llevados a la fuerza por los conquistadores, como mano de obra efectiva y barata.

Fue así cómo en la época colonial, que se prolongó durante tres siglos, se produce en el Perú un mestizaje de índole autóctona, española, mora y africana, tanto en el aspecto racial, como en el cultural, con incidencias lingüísticas, artísticas, religiosas, medicinales, arquitectónicas, costumbristas, gastronómicas.

A mediados del Siglo 19, teniendo ya el Perú más de veinte años de vida independiente, tras la abolición de la esclavitud, llegan al país corrientes migratorias de la China, principalmente desde Cantón y Macao, en busca de oportunidades de trabajo, de las que carecían en su nación de origen.

Cuatro décadas después, a fines de ese Siglo 19, tocó el turno a flujos humanos desde el Japón, también en pos de mejores posibilidades para su existencia.

Entre esas migraciones chinas y japonesas, se produjeron otras desde varios países europeos, sobre todo Italia, Francia, Suiza, Alemania. También desde el llamado entonces Imperio Austro-Húngaro.

En el Siglo 20, recibimos en el Perú a núcleos familiares y personas individuales desde países árabes, a raíz de la disolución del Imperio Otomano tras la primera guerra mundial.  También arribaron grupos judíos, sobre todo desde Europa Central y Oriental. Se avizoraba los tenebrosos designios de Hitler.

Por cierto que esos movimientos migratorios hacia el Perú desde mediados del Siglo 19, representaban una pequeña fracción respecto a las poblaciones nativas, de origen hispano y africano.

Observamos que en este Siglo 21, los grupos demográficos en el Perú, con una población de 30 millones de habitantes, están compuestos más o menos, de la siguiente manera:   Mestizos, por uniones indígenas con españoles y otros europeos: 41%;  Indígenas: 36%;  Blancos: 18%;  Afros, con y sin mezcla: 2.5%;  Asiáticos: 0.5%;  Otros: 2.%

Se hace la salvedad que tales porcentajes no son emitidos por entidades oficiales del Perú, ya que desde hace varios años en el país se elimina registrar el grupo étnico de las personas. Hay que considerarlos con cautela. Se trata de un promedio obtenido de fuentes foráneas y de organismos internacionales.

De la compactada composición anterior, es fácil deducir los efectos que el mestizaje ha causado en el Perú, que lo convierte en un país eminentemente multicultural.  Y uso la palabra “compactada”, puesto que hay muchos “sub-grupos” dentro de cada etnia.

Asimismo, en el Oriente peruano, región amazónica, hay poblaciones nativas diferentes entre sí, con lenguas y costumbres propias.  Algunas de las tribus se hallan todavía en la pre-Historia, incomunicadas. Son las llamadas etnias “sin contacto”, a las que el gobierno y sociedad civil procuran preservar y proteger.

El multiculturalismo del Perú se refleja en los elementos que antes he mencionado, como idiomas y maneras de ser y de expresarnos; mentalidad; arquitectura, creencias religiosas, literatura, comida.

Al finalizar estas palabras, agradeciendo a ustedes por vuestra amable atención, quisiera decir que si el Inca Garcilaso de la Vega volviera a este mundo, podría apreciar que no han sido vanos sus escritos ni sus esfuerzos en procura de la equidad y de la igualdad racial.  Pero también advertiría que hay que seguir avanzando.

Dekuji  –  Muchas gracias.